Mujer rural y construcción de paz: temas, problemas y desafíos

Resumen

Las investigaciones en Colombia sobre construcción de paz desde la perspectiva de las mujeres son escasas, en particular en la especificidad de mujeres rurales, aunque muchas de las experiencias son protagonizadas en dicho ámbito. En este artículo se hace una revisión documental de diversos estudios que han abordado el tema y que se agrupan en tres campos: 1) la discusión sobre el movimiento social de mujeres por la paz; 2) los aportes de las mujeres a la construcción de paz desde los contextos particulares y 3) la participación de las mujeres en procesos de paz. Posteriormente, se exponen los principales hallazgos teóricos, conceptuales y metodológicos. Finalmente, en las conclusiones se ratifica que no existen investigaciones que teórica y analíticamente reflexionen sobre la triada construcción de paz-mujer-ruralidad y que, por el contrario, hay una serie de desafíos que invitan a profundizar en este campo de cara a los procesos de implementación de acuerdos de paz. 

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Biografía del autor

Sandra Carolina Bautista-Bautista, Universidad de la Salle. Bogotá, Colombia.

Economista y Magister en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia. Docente-investigadora del Programa de Trabajo Social de la Universidad de la Salle.

Isabel Cristina Bedoya-Calvo, Universidad de la Salle. Bogotá, Colombia.

Trabajadora Social y Magister en Salud Pública de la Universidad del Valle. Docenteinvestigadora del Programa de Trabajo Social de la Universidad de la Salle.

Citas

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Publicado
2017-10-31
Como citar
BAUTISTA-BAUTISTA, Sandra Carolina; BEDOYA-CALVO, Isabel Cristina. Mujer rural y construcción de paz: temas, problemas y desafíos. PROSPECTIVA. Revista de Trabajo Social e Intervención Social, [S.l.], n. 24, p. 121-148, oct. 2017. ISSN 2389-993X. Disponible en: <http://revistaingenieria.univalle.edu.co/index.php/prospectiva/article/view/4545>. Fecha de acceso: 14 dic. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/prts.v0i24.4545.

Palabras clave

Mujer Rural, Construcción de Paz, Investigación Sobre La Paz, Análisis Documental, Colombia

Palabras clave

Mujer Rural, Construcción De Paz, Investigación Sobre La Paz, Análisis Documental, Colombia.

1. Introducción

El presente artículo hace un análisis acerca de la mujer rural, los problemas que afronta en el conflicto armado colombiano y el rol que cumple en la construcción de paz. Se basa en un ejercicio de análisis crítico de literatura, abordando diferentes estudios a partir de los cuales se expone el contexto colombiano, las formas de lucha, la movilización y organización social de las mujeres desde la década de los noventa. Desde allí, reconoce la importancia de la participación de la mujer rural, especialmente, en la coyuntura que atraviesa actualmente Colombia, a partir de la firma del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, entre el gobierno nacional y el grupo insurgente Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC- en noviembre de 2016.

A continuación, se presentan de manera ordenada los principales resultados de la revisión de bibliografía especializada, y se realiza un análisis crítico de las investigaciones seleccionadas y analizadas por su pertinencia, así como las recurrencias, los puntos de debates y las divergencias en lo relativo a los problemas abordados, los enfoques teóricos y las apuestas metodológicas. Finalmente, el lector podrá apreciar las conclusiones y los aportes más relevantes en este campo sobre el papel y las posibilidades de la mujer en la construcción de paz.

2. Aproximación teórica-conceptual a los estudios

Las investigaciones sobre construcción de paz desde las mujeres en Colombia son escasas, aún más en la especificidad de mujeres rurales, aunque muchas de las experiencias son protagonizadas en el ámbito rural. Algunos estudios abordan problemáticas asociadas a la mujer, al cuidado de la familia, a los proyectos productivos y el conflicto armado.

2.1 Mujer rural y construcción de paz en Colombia

En las investigaciones revisadas se abordan tres campos en materia de construcción de paz: 1) la discusión sobre el movimiento social de mujeres por la paz; 2) los aportes de las mujeres a la construcción de paz desde los contextos particulares y, 3) la participación de las mujeres en procesos de paz. El primero y el segundo son los más recurrentes, en tanto que el tercero es el menos abordado. A continuación, se describen los análisis en cada campo.

2.2 Análisis de la movilización social de mujeres por la paz

En el primer campo temático la mayoría de investigaciones se inclinan por procesos organizativos de carácter nacional tanto desde el estudio de caso, que presenta María Fernanda De Ávila (2013), como a partir del análisis comparado entre organizaciones que se encuentra en los trabajos de Mariana Tafur (2011), María Eugenia Ibarra (2007) y el realizado de manera conjunta por las organizaciones no gubernamentales Mujeres en Zona de Conflicto -MZC- de España y Corporación SISMA Mujer de Colombia (2010), así como en el de Mayra Sánchez y Zuriñe Rodríguez del año 2015. El proceso de reflexión sobre los textos permite identificar los siguientes objetos de investigación: la caracterización de las acciones colectivas de las mujeres, los repertorios, marcos y discursos, la configuración de la identidad del movimiento de mujeres, las concepciones y prácticas de paz.

Los trabajos analizados coinciden en identificar el tratamiento exiguo que han tenido tanto el movimiento por la paz como el de mujeres por la paz en la investigación académica, la cual ha centrado la mirada en el conflicto armado (MZC y Corporación SISMA Mujer, 2010).

Al revisar analíticamente las investigaciones salta a la vista la concentración de los estudios no solo en organizaciones nacionales, sino en un caso particular, la Ruta Pacífica de las Mujeres, que es la articulación de procesos de base que surge en 1996 a partir de una movilización de mujeres hacia el municipio de Mutatá, Antioquia, en contra de la guerra y en perspectiva de una neutralidad activa frente a la misma (Ibarra, 2007). Así, los trabajos que abordan casos nacionales incluyen a la Ruta Pacífica, en algunos caso de manera particular (De Ávila, 2013), pero en la mayoría como parte de un ejercicio comparado: se encuentran dos trabajos que contrastan los procesos de movilización y organización de la Ruta y los de la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la paz (Ibarra, 2007; Sánchez y Rodríguez, 2015); otro trabajo lo hace frente a la Red Nacional de Mujeres (Tafur, 2011); y un tercero toma las tres organizaciones antes mencionadas para agregar la Asociación Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas de Colombia -ANMUCIC- y la Organización Femenina Popular -OFP- (MZC y Corporación SISMA Mujer, 2010).

En contraste con lo anterior, en la literatura revisada se encontró un trabajo de Norma Villareal (2007) que reflexiona en torno a experiencias locales, ubicado específicamente en el suroccidente colombiano y cuyo propósito es caracterizar 53 iniciativas del movimiento social de mujeres a nivel local en 21 municipios en los departamentos de Chocó, Cauca y Nariño, y a la vez presenta evidencia de cuáles y cómo son los aportes de las mujeres a la construcción de paz en la cotidianidad.

Cabe señalar que pese a existir un consenso sobre la emergencia del movimiento y la protesta masiva de mujeres por la paz a finales de la última década del siglo XX, los orígenes de algunas de las organizaciones más relevantes en este ámbito se ubican con bastantes años de antelación: la Organización Femenina Popular surgió en 1972, la Asociación Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas de Colombia lo hizo en 1986 y la Red Nacional de Mujeres en 1992.

Este hecho resulta interesante para constatar que, si bien la existencia del movimiento está determinada por la presencia de estructuras organizativas con trayectoria y capaces de sostener las dinámicas de protesta en el tiempo, exige otros elementos que permitan su articulación y despliegue. De acuerdo con la literatura revisada, algunos de esos elementos en el caso del Movimiento de mujeres por la paz y en contra de la guerra en los años noventa serán: el despliegue y agudización del conflicto armado en el territorio nacional, los diversos procesos de paz del momento, la escasa legitimidad de los gobiernos de la época, particularmente el de Ernesto Samper (1994-1998), la articulación de un movimiento ciudadano por la paz que acrisoló el de mujeres, la aparición de un conjunto de instrumentos jurídicos de orden internacional que permitieron enmarcar las luchas particulares de género, como ocurrió con la Resolución 1325 de las Naciones Unidas promulgada en el año 2000 y, las mayores posibilidades de financiación de proyectos de cooperación internacional para iniciativas que asumen como población beneficiaria a las mujeres (MZC y Corporación SISMA Mujer, 2010; Sánchez y Rodríguez, 2015; Ibarra 2007).

Conforme con Ibarra (2007) los eventos de movilización de las mujeres son pacifistas, antibelicistas y se orientan a proponer la neutralidad activa frente a la guerra, sin reducirse a ella o dejar de lado las diversas dimensiones que tiene el problema de las violencias y las desigualdades que afectan a las mujeres.

Retomando el aporte de Norma Villareal (2007) se encuentra que las acciones colectivas protagonizadas por mujeres buscan mejorar la calidad de vida en los planos material y cultural, al desarrollarse como experiencias de trabajo comunitario, movimientos sociales, movimientos por la paz, de indígenas y campesinas, situación que les confiere una gran diversidad tanto en su composición como por sus orígenes. De igual manera, se trata de procesos articulados en torno a diferentes tipos de actividades clasificadas por la autora como productivas, comunitarias, de participación democrática y promoción y capacitación de liderazgo, las cuales inciden tanto en la resolución de necesidades inmediatas como en la promoción de valores que buscan hacer frente al machismo y resistir de manera pacífica a las violencias, particularmente la del conflicto armado.

Los procesos organizados por las mujeres combinan objetivos materiales y no materiales con los cuales resisten a las violencias propias del contexto que se expresan en fenómenos como el desplazamiento y la pobreza producidos o exacerbados por el conflicto armado, a la par que sientan bases para potenciar el tránsito de una cultura de violencia hacia una cultura de paz.

Las iniciativas de las mujeres se comprenden en clave de género, pero sin evidenciar una identidad homogénea, con capacidad para establecer alianzas y configurar recursos con diferentes sectores del movimiento social, las ONG y las instituciones estatales y multilaterales a nivel nacional e internacional (Ibarra, 2007). En este mismo sentido, en el diagnóstico realizado por MZC y corporación SISMA Mujer (2010) para el periodo 1998-2009, se afirma que el movimiento de mujeres en la lucha por la paz se ha caracterizado por estar apalancando diversas formas de movilización y ser múltiple, plural y heterogéneo en cuanto sus motivaciones, perspectivas político-ideológicas, origen étnico, social y de clase.

Norma Villareal (2007) destaca el rol de protectoras y cuidadoras de la vida que tienen las mujeres en contextos de conflicto armado, ya que el impacto de sus acciones se extiende desde las familias nucleares hacia el conjunto de las comunidades facilitando su permanencia en contextos de guerra. En la medida en que las mujeres deben afrontar solas el fenómeno de la guerra por la pérdida de sus hijos o compañeros, la autora afirma que se presenta un fenómeno de feminización de la resistencia que no solo es reactiva sino que promueve nuevas formas de relación social al interior de las familias para disminuir la violencia contra las mujeres.

Lo anterior se vincula con lo expuesto por Sánchez y Rodríguez (2015), quienes retoman los aportes de la economía feminista particularmente los de Amalia Pérez, para argumentar que las mujeres en Colombia han tenido que sostener la guerra, es decir, sostener el curso cotidiano de la vida tanto en términos materiales como sociales y culturales, mientras la confrontación armada se ha desplegado.

De manera complementaria, la investigadora María Eugenia Ibarra (2007) afirma que, producto de las múltiples violencias vividas por las mujeres en el marco del conflicto armado, “el ejercicio de la ciudadanía en condiciones de igualdad y libre de violencia es una aspiración postergada para ellas” (p. 69). Frente a tal situación, emergen resistencias configuradas desde organizaciones con grandes dificultades para su funcionamiento y en medio de condiciones altamente riesgosas, desde las cuales buscan construir campos de neutralidad activa. En este mismo sentido y según Villareal (2007), las acciones de resistencia a los impactos del conflicto armado protagonizadas por mujeres tienen un cariz activo, de resolución de una gama de problemas que van desde la pobreza como expresión de la violencia estructural, hasta la propia guerra, apelando a dinámicas culturales y espirituales con las que buscan mantenerse al margen del conflicto y actuar de cara a sus impactos emocionales.

Un elemento importante que surge al reflexionar los resultados de las investigaciones de Villareal (2007), Sánchez y Rodríguez (2015) e Ibarra (2007) se encuentra en cómo se desdibuja el límite público-privado en los procesos de acción colectiva contenciosa de las mujeres, ya que las agresiones vividas en terrenos y campos considerados tradicionalmente como ámbito de lo privado -las familias, las casas, las parcelas, el cuerpo propio-, se trasladan y convierten en debates públicos y políticos gracias al ejercicio de acción y denuncia que desarrollan las mujeres en los procesos organizativos y de protesta.

Por su parte, el interés de la investigación realizada por Tafur (2011) radica en identificar, desde una teoría feminista, cómo se realiza un concepto de paz específico en la práctica y los discursos de las mujeres que pertenecen a dos organizaciones de tipo nacional -la Ruta Pacífica de las Mujeres y la Red Nacional de Mujeres-, consideradas por la investigadora como pacifistas y feministas. La mirada está centrada en las prácticas y discursos de los movimientos de mujeres y el trabajo se presenta como una derivación de los estudios sobre movimientos por la paz en Colombia, que tiene en la obra de Mauricio García la obra pionera en Colombia.

De Ávila (2013) se interesa nuevamente por la Ruta Pacífica de Mujeres, pero en esta ocasión con el propósito de analizar las iniciativas y propuestas para la construcción de paz como alternativas no violentas al conflicto. En su ejercicio, la autora identifica tres elementos centrales para entender a las mujeres que integran la Ruta Pacífica como constructoras de paz: 1) las movilizaciones como acciones no violentas que buscan dar respuesta al conflicto y a las injusticias en las que se expresan diversas formas de sentir e interpretar la guerra y la paz; 2) la formación tanto a nivel de sus integrantes como de la sociedad en general, con la cual no sólo buscan visibilizar las formas de violencia de género y potenciar de manera integral los saberes de la mujeres -saber pensar, saber hacer, saber ser-, sino que apuntan al desarrollo de un trabajo permanente por la paz sostenible y en el largo plazo.

Al abordar las interacciones políticas de las confluencias de las mujeres analizadas, Ibarra (2007) afirma la gran capacidad de lectura y articulación que logran desarrollar estos procesos, así como para ganar la confianza y establecer nexos de solidaridad con el movimiento de víctimas. No obstante, llama la atención que no se enuncien las tensiones y puntos de discusión y de debate que suscitó la aparición del movimiento de mujeres como un sujeto con capacidad de incidencia política en los años noventa. Se considera, por tanto, que la autora hace una presentación que desconoce los debates internos y las desconfianzas externas que generaron las confluencias de mujeres en el periodo señalado, puntos clave para entender las dificultades que ha afrontado en Colombia la lucha de las mujeres en general y en contra de la guerra y a favor de la paz en particular.

Al centrar la mirada en las dinámicas de protesta, se encuentra que los repertorios de acción colectiva contenciosa de las mujeres incluyen las movilizaciones locales y nacionales, las cuales no siempre se dirigen a Bogotá, sino que son convocadas en ocasiones hacia regiones con altos niveles de incidencia del conflicto armado, indiscutiblemente en una perspectiva de solidaridad. También es evidente la realización de encuentros, mesas de trabajo, congresos y conferencias, que junto con el cabildeo ante autoridades locales, nacionales y multilaterales, así como la incidencia jurídica, completan el panorama de formas de actuación (Ibarra, 2007).

La investigación de Sánchez y Rodríguez (2015) puede entenderse como una continuación del trabajo de Ibarra (2007), en la medida en que retoma el análisis de los mismos casos tanto en sus repertorios, estructuras de organización, marcos discursivo e impactos; la diferencia radica en el análisis comparativo que presenta, ausente en el trabajo precedente, así como en la inclusión de dimensiones no exploradas previamente como la maternidad. Las autoras parten de considerar que el conflicto armado genera cambios en la vivencia de las relaciones de género -elemento compartido por el conjunto de investigaciones analizadas-, y que son las mujeres quienes sostienen la guerra, con una reflexión que deriva de la economía feminista. Asimismo, presentan su lectura del conflicto armado en Colombia, al cual consideran complejo y sustentado en lógicas de exclusión política y social, de larga duración y que ha sufrido profundas transformaciones a lo largo del tiempo; puntualizan el mayor impacto y grado de victimización que se ha vivido en zonas rurales, sobre la población civil y, particularmente, sobre las mujeres.

El trabajo de análisis comparado lleva a las autoras a identificar diferencias entre los procesos organizativos y a considerarlos como dos experiencias fundadas en perspectivas diametralmente distintas. Mientras que la Ruta Pacífica tiene sus orígenes en activismos de base, incorporando tanto víctimas directas como indirectas y a diversas corrientes ideológicas dentro del feminismo, la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz es definida como una apuesta desde arriba, ligada a acciones institucionales desde el Congreso de la República. Esta lectura permite tener una visión más amplia sobre las diferencias entre las confluencias que la planteada por Ibarra (2007), en la medida en que Sánchez & Rodríguez (2015) problematizan las tensiones al interior del movimiento de mujeres y permiten identificar que las lecturas políticas contrapuestas y las discrepancias entre los procesos obedecen a proyectos ideológicos e intencionalidades disímiles, ya que la Ruta se aproxima al feminismo y afirma su lucha también contra el patriarcado, en tanto que la Iniciativa se declara sin filiación política concreta. Lo anterior, de paso, plantea la pregunta por la autonomía de la organización social de mujeres frente al Estado, por lo menos en el caso de la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz.

De manera análoga, los procesos de toma de decisiones son diferentes entre las confluencias. Mientras que la Ruta Pacífica aboga por recoger las voces de las estructuras regionales, en la Iniciativa de Mujeres es la dirección nacional la instancia que orienta y conduce. Los repertorios de acción de la Ruta están más vinculados con acciones contenciosas y de protesta, en tanto que la Iniciativa se inclina por la denuncia, el acompañamiento jurídico y el lobby institucional (Sánchez y Rodríguez, 2015).

El carácter diferenciado de las organizaciones sociales, así como las tensiones y debates internos también son abordados en el diagnóstico realizado por ZMC y SISMA Mujer (2010), entidades que demuestran caracteres distintos para los casos estudiados acorde con sus intencionalidades y apuestas. De tal manera que consideran que la OFP y la Ruta Pacífica son procesos que se orientan con una perspectiva en contra de la guerra, en tanto que IMP, la Red Nacional de Mujeres y ANMUCIC se abocan al trabajo de incidencia para la construcción de políticas de paz. Surge entonces una discrepancia importante entre las y los autores reseñados sobre la naturaleza y alcances de las acciones desarrolladas por los procesos analizados, particularmente en el caso de la Ruta Pacífica, ya que desde la perspectiva de ZMC & SISMA Mujer (2010) no es tanto una apuesta propositiva sino esencialmente reactiva, contrario a lo argumentado por todas las demás investigaciones.

2.3 Aportes de las mujeres a la construcción de paz desde los contextos particulares

El segundo campo temático busca mostrar los aportes a la construcción de paz desde los contextos particulares en los que las mujeres han dado su lucha, evidenciados en las investigaciones de Jhon Felipe Pérez (2010), Daniela María Vargas (2014), María Alejandra Saénz (2013), Isabela Marín-Carvajal (2013), Gloria Zuluaga-Sánchez y Carolina Arango-Vargas (2013).

Algunos de estos estudios hacen referencia a la incidencia del conflicto armado en la vida cotidiana, como el trabajo de grado de Jhon Felipe Pérez (2010) realizado en el Sumapaz y Ciudad Bolívar, ambas localidades de Bogotá, la primera rural y la segunda en área urbana- periférica. En éste plantea la necesidad de ir más allá de los estudios que han indagado la dinámica del conflicto armado, sus causas, expresiones y efectos, como también los actores y los aspectos políticos, económicos y militares que lo caracterizan. Es así como Pérez (2010) se propuso explorar las repercusiones que el conflicto ha tenido en la transformación de la subjetividad, las prácticas sociales y su influencia en la formación de la sociedad civil en los dos contextos estudiados. No obstante, carece de un enfoque de género y no se hacen distinciones entre mujeres y hombres. Particularmente menciona que para los habitantes del Sumapaz la cotidianidad está atravesada por el miedo y la zozobra debido a las confrontaciones entre el grupo insurgente FARC y el Ejército Nacional, especialmente por los hostigamientos de este último a la población civil.

Otro de los estudios revisado fue el trabajo de grado adelantado por Daniela María Vargas (2014), que a diferencia del estudio de Pérez (2010), tuvo como propósito diferenciar las afectaciones por el conflicto y la violencia en mujeres y hombres desde un enfoque de género. Vargas (2014) se propuso indagar las dinámicas e identificar los factores que producen iniciativas locales de paz en el municipio de Soacha en el departamento de Cundinamarca, mediante una investigación que estuvo centrada en analizar la participación de las mujeres en dicha experiencia, los roles que tienen, las limitaciones que experimentan y los alcances del proceso para marcar una diferencia en la vida de sus participantes. Las mujeres narraron hechos de violencia doméstica y violencia ocasionada por el conflicto armado como el desplazamiento forzado que, aunado a la pobreza, redundan en vulneración de sus derechos y falta de reconocimiento. Es así como la autora muestra que la vulneración de las mujeres obedece a factores estructurales (pobreza e inequidad), contextuales (conflicto armado) y culturales (machismo); sin embargo, se destaca la capacidad de resiliencia, imaginación moral, cuidado, liderazgo, solidaridad, trabajo y aprendizaje que las motiva a incorporarse en procesos locales de construcción de paz para buscar un cambio.

El estudio de María Alejandra Saénz (2013), titulado “Mujeres artesanas solicitantes de refugio en el Alto Apure venezolano: una apuesta para la construcción de paz local desde estrategias comunitarias no violentas”, es una investigación con enfoque de género en la que se analiza, a partir de la teoría de Lederach, las estrategias comunitarias no-violentas que generan las mujeres artesanas para desarrollar procesos de construcción de paz, enmarcadas en un contexto de necesidad de protección internacional, y de ausencia de reconocimiento político y jurídico del estatus de refugiado. Específicamente, el caso de estudio está conformado por un grupo de mujeres artesanas, mayoritariamente colombianas, quienes son solicitantes de refugio a causa de las dinámicas del conflicto armado colombiano.

El taller de artesanía se convierte en una iniciativa de construcción de paz cuyo elemento central posibilita la existencia de estrategias comunitarias porque gira en torno a la presencia de redes sociales, las cuales se evidencian a partir de vínculos interpersonales que conecta a las mujeres en un espacio social determinado, lo que les posibilita gestionar nuevos escenarios reales y simbólicos en los que se hacen posibles procesos de cambio. Las mujeres agrupadas logran una experiencia de construcción de paz a nivel comunitario porque comparten elementos identitarios como la maternidad y las labores domésticas, la nacionalidad, la situación de refugiadas y el habitar un mismo territorio.

Vargas (2014) y Sáenz (2013) coinciden en identificar que las mujeres desarrollan capacidad de resiliencia; por un lado, Vargas plantea que la resiliencia está mediada por la maternidad, es decir, por el cuidado como la necesidad de garantizar bienestar a los hijos y, por el otro, Sáenz se refiere a esta capacidad a partir de la exigencia de satisfacer necesidades emocionales en la mujeres mediante el desarrollo de recursos propios con el apoyo colectivo de la comunidad al participar en el taller.

Por su parte, Isabela Marín-Carvajal (2013) desarrolló la investigación “Resistencias desde la huerta: Movilización de mujeres en zonas rurales del suroccidente colombiano”, en la que analiza tres iniciativas realizadas por organizaciones de mujeres en zonas rurales del suroccidente de Colombia: Inzá-Cauca, Samaniego-Nariño y Buenaventura-Valle. En ella se propuso indagar los motivos de la acción colectiva que explica la movilización de las mujeres y cómo es su proceso de empoderamiento.

Las mujeres campesinas de Inzá-Cauca se organizaron para hacer valer su identidad cultural, mejorar su vida y lograr el respeto de sus derechos. Las mujeres de la vereda el Salado de Samaniego-Nariño se organizaron mediante proyectos productivos que buscan desestimular la integración de los jóvenes a los grupos ilegales o a la producción de cultivos ilícitos. Las mujeres de Buenaventura-Valle, las cuales han sido víctimas directas del conflicto armado debido a que les han asesinado a sus esposos, hijo o hermanos, se han involucrado en procesos locales de toma de decisión lo que les ha permitido jugar un rol de liderazgo predominante.

Marín (2013) retoma a Moliniux (1985) para tratar de explicar las motivaciones de las mujeres a partir de dos tipos de interés: estratégicos (emancipación y equidad) y prácticos (necesidades inmediatas) enfatizando que ambos intereses se articulan en una perspectiva ética política porque lo privado también es político y desde lo práctico se logra interpelar el sistema patriarcal.

No obstante, la autora plantea un nudo problémico que lleva a complejizar el papel de las mujeres en la construcción de paz debido a que después de los conflictos armados la tendencia es a que las mujeres retomen los roles domésticos. Menciona que otros estudios señalan que las sociedades que han tenido conflictos similares al de Colombia, tienden a cierta normalidad, que lleva a las mujeres a los roles tradicionales como el de madres reproductoras (Meertins, 2000) lo que nuevamente lleva a una invisibilización de la mujer.

Asimismo, plantea la necesidad de reconocer que las mujeres no han sido pasivas en el desarrollo del conflicto, ni como víctimas ni como actores insurgentes; en este sentido, se puede afirmar que Sáenz (2013)) y Marín (2013) coinciden en que las mujeres logran articular la vida privada y pública y que han sido sujetos activos en la guerra y para la construcción de paz. Especialmente Marín (2013) destaca que cuando las mujeres han logrado apropiarse de su palabra, cuerpo y acciones logran procesos de autonomía y emancipación, lo cual conlleva a plantear la necesidad de resignificar el rol de las mujeres en la cultura pero también en la política y la economía en la construcción de una paz integral.

El artículo de Zuluaga-Sánchez y Arango-Vargas. (2013), analiza cómo las mujeres de la Asociación de Mujeres Organizadas de Yolombó (AMOY), que han vivido el conflicto armado han tenido que acudir a la organización y desarrollo de proyectos productivos agroecológicos, lo que ha llevado a las autoras a plantear una feminización de la economía campesina porque los hombres se han ido para la guerra o los han asesinado, por lo que a las mujeres les toca asumir los sistemas de producción, el cuidado de las niñas y niños, de los adultos mayores, garantizar la subsistencia de la familia y asumir roles comunitarios. Las autoras retoman a Scott (2007) para referir que las mujeres acuden a una resistencia cotidiana y silenciosa para sobrevivir en medio del conflicto debido a que son hostigados por los diferentes actores armados.

Estefanía Ferro (2014) realiza su investigación sobre un caso regional, la Organización Femenina Popular, ubicada en la ciudad de Barrancabermeja, departamento de Santander, para identificar los aportes de las mujeres en la construcción de paz en un escenario de posacuerdo y, a nivel local en materia de justicia transicional y justicia de género, desde el marco interpretativo que ofrece Lederach a propósito de la construcción de una infraestructura para la paz.

2.4 Participación de las mujeres en procesos de paz

Un tercer campo relevante en la producción académica ha sido el de la participación de las mujeres en los procesos de paz en Colombia, los cuales han proliferado a la par que lo ha hecho la guerra, particularmente desde los años ochenta, pero se han caracterizado por incluir de manera efectiva la perspectiva de género.

En este ejercicio de discusión de literatura se considera que el trabajo de Ibarra (2007) aporta también al tercer campo temático de análisis. Dicha autora resalta cómo una de las reivindicaciones centrales del movimiento colombiano de mujeres en la dinámica contemporánea, ha sido la inclusión de la perspectiva de género en los procesos de negociación con organizaciones armadas en el país, campo de exigencias que ha permitido a las mujeres participar tano de la política convencional como de la no convencional. Con base en lo anterior, es posible pensar que la concreción de tal aspiración en el proceso de diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP de los últimos cuatro años resulta ser un fruto de este proceso de movilización social.

Ibarra (2007) relata que en las iniciativas por ella analizadas -Ruta Pacífica e Iniciativa de Mujeres Colombianas por la paz- las mujeres se negaron a participar en el proceso de diálogos del Caguán, establecido entre el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y las FARC-EP por discrepancias metodológicas y por no sentirse convocadas con la temática de empleo, tema central de la audiencia de mujeres realizada en junio del año 2000. Lo anterior contrasta con la actitud asumida por mujeres en procesos vinculados a otro tipo de iniciativas como la Escuela Nacional Sindical, quienes sí participan en los escenarios de El Cagúan. Sin embargo, en los procesos referidos sí estuvieron participando como representantes de la sociedad civil en los acercamientos con el Ejército de Liberación Nacional durante el mismo periodo. Esta dinámica conduce a pensar que existen unas discusiones sobre la participación de las mujeres en los procesos de paz tanto dentro como fuera de las organizaciones y confluencias de género, las cuales es necesario evidenciar.

El artículo de Ibarra (2007) puntualiza sobre la precaria participación de las mujeres colombianas desde sus sentires y reivindicaciones en la política en general y en los procesos de paz de manera particular. A la par, la autora deja en evidencia cómo la expedición de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el año 2000 se convirtió, desde ese momento, en un recurso de tipo político y argumentativo al cual han apelado diferentes expresiones organizativas para exigir su aplicación y potenciar su acción política. Se trata del primer instrumento del derecho internacional en el que se reconoce la especificidad de los impactos y las lógicas de la guerra sobre la vida de las niñas y las mujeres que la padecen, enfatizando en la necesidad de su amplia participación para la prevención y resolución de conflictos, así como en la construcción de la paz. Para ello han realizado encuentros, conferencias y movilizaciones con los cuales buscan generar mayor apropiación de los mecanismos jurídicos y construir una agenda conjunta sobre la participación de las mujeres en la negociación del conflicto; de esta dinámica emerge la Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz.

El proceso de paz realizado entre el primer gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006) y las Autodefensas Unidas de Colombia del año 2003, nuevamente evidencia los debates y las diferentes perspectivas de las confluencias de mujeres sobre el tema, ya que la Iniciativa de Mujeres propone establecer veedurías para el logro de restitución de derechos en perspectiva de género, pero la Ruta Pacífica se opone al proceso mismo al discutir sobre el carácter político del grupo paramilitar. No obstante estos debates, logra ver la luz en la Mesa Nacional de Incidencia por el Derecho a la Verdad, la Justicia y la Reparación con Perspectiva de Género, la cual logra modificaciones a cinco artículos de la ley de Justicia y Paz, expedida en 2005 (Ibarra, 2007).

Algunas investigaciones de las aquí analizadas se interesan por identificar la concepción de paz en el movimiento de mujeres. Tal es el caso de Sánchez y Rodríguez (2015) quienes a partir de los casos estudiados - Ruta Pacífica e Inciativa de Mujeres Colombianas por la Paz- presentan una noción de paz en la cual los procesos de negociación del conflicto armado son comprendidos como una vía para poner fin a la violencia de la guerra, una opción con la cual allanar camino hacia el fin de todas las formas de violencia -incluida la de género- y una oportunidad para ampliar la democracia y el ejercicio de la ciudadanía para las mujeres. En esa medida, las aspiraciones centrales de las mujeres están tanto en la inclusión de la perspectiva de género en los acuerdos y de medidas tendientes a promover la igualdad de género en escenarios postacuerdo, como en el deseo de aportar a la construcción de formas de resolución de conflictos que no apelen a la violencia armada, de reconciliación y reconstrucción del tejido social.

El trabajo ZMC y SISMA Mujer (2010) recalca de manera permanente en la diversidad característica del movimiento de mujeres, pero a la vez identifica los mínimos que sustentan la noción de paz:

i. encuentran la guerra como una práctica de lógica patriarcal y perteneciente al dominio masculino (aunque existen algunas que también ponen un énfasis en las lógicas de clase); ii. consideran que el origen del conflicto armado reside en las desigualdades estructurales que atañen a lo económico, social y político, pero que en la actualidad éste ha estado mediado por intereses económicos; y por último, iii. están plenamente convencidas de la específica y desproporcionada afectación del conflicto armado en las mujeres colombianas (MZC y Corporación SISMA Mujer, 2010, p. 16).

El informe Colombia: Mujeres, Violencia Sexual en el Conflicto y el Proceso de Paz publicado por ABColombia, Corporación Sisma Mujer y US Office on Colombia (2014), presenta un análisis de la violencia sexual que vivencian las mujeres en el conflicto como una problemática que deteriora los derechos de las mujeres, que ocurren como una práctica frecuente por todos los actores involucrados y, a su vez, precisa que la legislación internacional no permite que en un proceso de paz los delitos de violencia sexual sean amnistiados. El informe muestra con preocupación la constante de asesinatos de defensores derechos humanos en el país, incluidas las mujeres, enfatiza acerca de la ausencia de mujeres al inicio y durante el proceso de negociación en La Habana para adelantar los diálogos entre el gobierno nacional y el grupo insurgente FARC-EP y describe las estrategias y finalidades de los actores armados, estatales y no estatales, para cometer delitos sexuales contra las mujeres con el fin de ejercer control social de la población, adelantar prácticas de esclavitud y llevar a cabo operaciones militares.

Pese a la problemática que acabamos de describir, el informe resalta la participación de las mujeres en la construcción de la paz con un papel preponderante en la toma de decisiones, especialmente, destaca el papel de ellas como defensoras de derechos humanos, lideres comunitarias, portavoces de las víctimas y gestoras de políticas públicas.

3. Metodología

El presente artículo se presenta como resultado de una investigación cualitativa, basada en dos enfoques: la teoría crítica y el de género. Se hizo un análisis documental a partir de investigaciones que fueron seleccionadas en las bases de datos comerciales como Scopus y ScienceDirect y bases de datos libres como Scielo, Redalyc y Clacso entre otras. Así mismo, se revisaron los repositorios de bibliotecas de las Universidad Javeriana, Universidad Nacional de Colombia, Universidad de los Andes y la Universidad de la Salle.

La búsqueda se realizó a partir del año 2006, sobre dos ejes: uno, relacionado con mujeres rurales y su participación y, un segundo, con la mujer como constructora de paz. Para ello, la búsqueda abordó diferentes mecanismos para la recolección de documentos: trabajos de grado, artículos académicos, libros y/o capítulos de libros. En el análisis se identificaron las recurrencias, las discusiones y las divergencias en lo relativo a los problemas de investigación, los enfoques teóricos, las apuestas metodológicas, las características mismas de las experiencias estudiadas y los principales hallazgos y conclusiones. Se acudió a la triangulación de la información con el fin de establecer una estructura lógica que permita dar cuenta de la discusión en torno a la mujer rural y la construcción de paz en Colombia.

4. Hallazgos

A continuación, se presentan los principales resultados del ejercicio de discusión de bibliografía especializada, en el cual se presenta un análisis crítico de las investigaciones seleccionadas y analizadas por su pertinencia.

4.1 Enfoques teóricos y debates conceptuales

En las investigaciones que problematizan el papel de las mujeres y la construcción de paz se logró identificar tres elementos sometidos al ejercicio de reflexión conceptual y teorización: 1) mujer y género; 2) acción colectiva y movimientos sociales; 3) paz.

Las investigaciones analizadas plantean dos opciones teóricas al momento de abordar el tema de mujer en articulación con las dinámicas de construcción de paz. Por un lado, se ubican los trabajos que discuten y se inscriben en el marco amplio y complejo de las teorías feministas (Tafur, 2011; De Ávila, 2013; Sánchez y Rodríguez, 2015). Por el otro, se encuentran aquellas que asumen una perspectiva de género.

En el trabajo de Mariana Tafur (2011) el andamiaje teórico se da a partir de la triada: feminismo, movimientos de mujeres y construcción de paz, enfatizando en el reducido número de investigaciones que abordan tal perspectiva sobre todo porque no se aborda la organización social de las mujeres. Propone que “el feminismo, además de ser la lucha contra la subordinación de las mujeres, es la lucha contra todo tipo de desigualdad y opresión tanto cultural como económica, social y política” (Tafur, 2011, p. 4). Plantea, por tanto, un debate con la categoría de género en la medida en que a partir de ella se realiza una apertura hacia los roles de hombres, mujeres, homosexuales, lesbianas, transgénero, bisexuales y otra gama de posibilidades en términos de diversidad de género. Sin embargo, pese a que anuncia que no le interesa realizar una lectura de las prácticas y discursos de los movimientos de mujeres desde la perspectiva de género, no resultan claras las razones para tal elección.

Un debate interesante que se desprende de la investigación de Tafur (2011) se relaciona con las relaciones de género y los procesos de violencia. En la articulación en lo teórico entre mujer y paz resulta interesante que la autora toma distancia frente a las posturas esencialistas que consideran a las mujeres pacíficas por naturaleza. Pese a lo anterior, un elemento importante es que en este trabajo se asume a la mujer como sujeto sobre el cual recae la violencia por lo que las sitúa esencialmente como víctimas mientras que a los hombres se les considera victimarios, particularmente en la violencia sexual, sin entrar a cuestionar la existencia de otros roles para las mujeres en el marco del conflicto armado; lo anterior amparada en la idea de la existencia de ciertas predisposiciones estructurales que ubican a los hombres en la posición dominante/violento y a la mujer como subordinada/violentada. De igual manera, en la medida en que el feminismo plantea cuestionamientos a las lógicas de militarización y seguridad que se encuentran en la base del patriarcado, la autora plantea que dicha corriente se relaciona de manera estrecha con la noción de paz positiva. En línea con lo anterior, los movimientos de mujeres se presentan esencialmente como reactivos a las situaciones que victimizan a las mujeres dejando de lado el análisis de propuestas y alternativas.

Un aporte interesante y novedoso en la literatura revisada se encuentra en el trabajo de Sánchez y Rodríguez (2015), dado que permite ampliar el debate insinuado por Tafur (2007). Estas autoras retoman el análisis de Irantzu Mendia sobre los aportes de la teoría feminista a los estudios de conflicto y paz, quien identifica tres dimensiones analíticas en este campo: “la violencia contra las mujeres en los conflictos, su participación como combatientes y el papel desarrollado en la construcción de la paz por las mismas” (Sánchez y Rodríguez, 2015, p. 155).

Las investigadoras encuadran estos ejes en las cuatro corrientes del feminismo propuestas por Celia Amorós y Ana de Miguel: feminismo de la diferencia, de la igualdad, radical y posestructuralista. El primero de ellos asume de manera crítica la tesis esencialista que considera la existencia de una cierta predisposición de las mujeres hacia la maternidad y en contra de la guerra, tesis que ha sido ampliamente rebatida y discutida, lo que no niega que en muchos procesos de lucha se haya resignificado su rol como madres en el marco de la acción política, como ocurre en los casos estudiados por Sánchez y Rodríguez. Contrario a tal esencialismo, que de paso niega el hecho de que las mujeres son diversas entre sí, Sánchez y Rodríguez argumentan a favor de la construcción de una cultura de paz sustentada en los valores positivos de la feminidad como la empatía y la conciliación, los cuales, insisten, se han construido socialmente vinculados a las dinámicas del cuidado y son susceptibles de ser utilizados en procesos de negociación.

Desde la óptica del feminismo de la igualdad las autoras diferencian los aportes de la corriente liberal y la teoría marxista (Sánchez y Rodríguez, 2015). Mientras que la primera de ellas ha enfatizado en la exclusión de las mujeres de los espacios de toma de decisiones antes, durante y después de los procesos de paz, la apuesta marxista ha centrado la mirada en las dinámicas de las combatientes como procesos de empoderamiento. En el caso del feminismo radical, el tema central de investigación ha estado en los impactos de la guerra sobre los cuerpos de las mujeres, por lo que ha recibido críticas por el riesgo de caer en la victimización y en desconocer las potencialidades de las mujeres. Por último, el feminismo posestructuralista ha planteado críticas frente al “sesgo occidental” de las investigaciones sobre conflicto, paz y mujeres, al estar enfocadas, en lo fundamental, en guerras europeas; en este contexto aparecen también investigaciones que se separan por completo de la noción de género en las guerras y centran la mirada en los cuerpos, como en el caso de Judith Butler.

De Ávila (2013) también se inscribe en la teoría feminista y comparte la postura de diversos autores que apunta a diferenciar, pero también a entender, la relación entre las dos dimensiones del feminismo: en tanto que movimiento social y en tanto que corriente intelectual e ideológica. Desde tal perspectiva, reconoce al menos cuatro tipos de feminismo: burgués o del movimiento sufragista, socialista, liberal y radical, el cual entraña tanto el feminismo de la diferencia como el pensamiento lesbiano.

En cuanto a los abordajes realizados desde el enfoque de género en las investigaciones revisadas, éstos se enmarcan en los aportes de autoras como Essed, Goldberg y Kobayashi, Buttler, Largage, Meertns y Cockburn. El trabajo de Ibarra (2007) centra la atención en las categorías de acción colectiva y género para analizar el comportamiento político en las acciones por la paz y en contra de la guerra emprendidas por las mujeres. Enfatiza en la existencia de múltiples miradas sobre la concepción de género tanto en el debate académico como en el movimiento de mujeres y el movimiento feminista. Apoyándose en autoras como Joan Scott y Linda Nicholson, la autora define esta categoría como las relaciones de poder construidas socialmente entre hombres y mujeres como sujetos diversos, lo que a su vez implica una perspectiva plural sobre la sexualidad. De igual manera, Ibarra recurre a los aportes de Nancy Fraser para caracterizar el tipo de reivindicaciones propias de las mujeres.

El estudio de Vargas (2014) consistió en un análisis con enfoque de género del programa Iniciativas Locales de Paz de la Pastoral Social en Soacha con base en la aplicación del modelo de construcción de paz de Jean Paul Lederach y bajo la conceptualización de Paz Johan Galtung y Francisco Muñoz. En cuanto el enfoque de género, Vargas (2014) y Marín (2013) utilizaron los aportes de Essed, Goldberg y Kobayashi a partir de los cuales plantean que el género permite estudiar las estructuras sociales, la identidad, las prácticas y valores que en la mayoría de los casos muestran la invisilización de las mujeres. Vargas (2014) retoma a Judi Buttler para afirmar que es una categoría política, discursiva que muestra cómo histórica y socialmente se han construido las relaciones entre los individuos de una sociedad.

Por su parte, Saénz (2013) retoma a Scott para plantear que la adversidad motiva que las mujeres logren mayor participación, pues las relaciones de poder determinadas por el género priorizan la supervivencia y la protección comunitaria. Asimismo, con base en Cockburn (2007) se considera que las mujeres son actores unificadores en las comunidades y reconstructoras del tejido social, pues ellas están a cargo de mantener los lazos primarios de las familias y de la comunidad, para posteriormente lograr una adaptación rápida a las nuevas necesidades y brindar a su comunidad alimento y cuidado.

Vargas (2014) y Saénz (2013) se basan en Marcela Largade para referirse al género como una categoría política que estudia la distribución del poder, la identidad a partir de la posición y las condiciones sociales, por lo que afirma que las luchas de género son conflictivas.

En cuanto a la acción colectiva y los movimientos sociales, las investigaciones se amparan en tres de la más conocidas corrientes: 1) la de movilización de recursos, con autores como Sidney Tarrow y Charles Tilly; 2) la de la identidad, apelando a los aportes de Alberto Melucci; 3) los Nuevos Movimientos Sociales, bajo la perspectiva de Alain Touraine. Como única referencia a autores latinoamericos o colombianos se encuentran abordajes desde la teoría de movimientos sociales con Mauricio Archila.

En lo relacionado con paz, no todas las investigaciones presentan reflexiones conceptuales o teóricas sobre el tema de paz, pese a tenerlo como común denominador. El sustento teórico central en el tema de paz se remite a tres autores: Johan Galtung en lo relacionado con paz positiva y paz estructural; Vicenç Fisas frente al significado de la construcción de paz.

En el caso de Tafur (2011), a partir de los cuatro principios que componen la paz (natural, directa, estructural y cultural) remite las reflexiones fundamentalmente a los procesos de convivencia con resolución pacífica de conflictos en el marco de valores, la solidaridad, el respeto por sí mismo, la bondad verbal (diálogo) y física (no agresión), equidad, libertad y solidaridad.

El trabajo de De Ávila recupera el aporte de Vicenç Fisas sobre el significado de los promotores de paz y afirma que una mujer constructora de paz “es quien interioriza e institucionaliza los valores, actitudes, conocimientos y procederes ligados a la cultura de la paz, desempeñando una función de alfabetización para la paz, ayudando a los otros y otras a aprender las dificultades de la mediación y de la transformación de los conflictos en cooperación” (De Ávila, 2013, p. 24).

Como se observa, la teorización sobre el tema de paz para el análisis del papel de las mujeres en el caso colombiano aún es precaria. Tal situación plantea como reto la necesidad de discutir si este cuerpo conceptual resulta suficiente para comprender la realidad de las mujeres rurales (¿campesinas?) en Colombia, así como la posibilidad de abordar perspectivas distintas que discutan y complementen tal abordaje como ocurre con la noción de paz territorial.

En los estudios aparece una caracterización de la participación de las mujeres en las luchas contra la guerra y a favor de la paz como un proceso de movilización política que se disputa tanto en el campo de la justicia material como en el espacio de lo simbólico, y que surge en la segunda mitad de los años noventa como respuesta a la grave situación de vulneración de derechos humanos con el fin de contribuir al desmonte de las dinámicas de la guerra (Ibarra, 2007; MZC y Corporación SISMA Mujer, 2010).

4.2 Lo metodológico: la caja de herramientas

En lo relacionado con mujer y construcción de paz se trata de investigaciones que apelan sobre todo a los estudios de caso, bien sea abordando organizaciones de mujeres de carácter nacional como lo hacen Tafur (2011), Ibarra (2007) y Sánchez y Rodríguez (2015), o bien estudiándolas en territorios rurales o rururbanos en los que las dinámicas del conflicto armado han impactado de manera importante, como lo trabaja Villareal (2007). Los estudios nacionales toman de manera invariable el caso de la Ruta Pacífica de Mujeres y, en menor medida, la Inciativa de Mujeres Colombianas por la Paz, lo que las posiciona en el terreno académico como casos referente.

Las investigaciones de corte cualitativo apelan a estrategias de investigación como la revisión documental, el análisis del discurso, las entrevistas semiestructuradas y en profundidad, la revisión de prensa, la observación participante y no participante. Se trata en lo fundamental de investigaciones de tipo descriptivo, análisis comparado Sánchez y Rodríguez (2015), estudios de caso Tafur (2011), Ibarra (2007), De Ávila, (2013) , esta última realiza un ejercicio de analítica descriptiva.

En su investigación de 2007, Norma Villareal se decanta por lo cuantitativo, realizando un estudio de caso de mujeres organizadas en el Chocó, Cauca y Nariño, en el que hace una caracterización vía encuesta. Por la forma en la que realiza la caracterización resulta un artículo muy sugerente. ¿Qué hace?: 1. Identifica el porcentaje de iniciativas que son promovidas por mujeres; 2. Clasifica las iniciativas según el tipo de actividad central a la que se dedica; 3. Las caracteriza según si explícitamente buscan debilitar el machismo a partir de cuatro tipos de acciones; 4. Discute el grado de integración entre sí y con otros procesos más amplios, el grado de inserción y la sostenibilidad; 5. Identifica los aportes a la construcción de paz desde la noción de resistencia pacífica.

5. A manera de conclusión: los desafíos

Por último, y bajo el carácter de elementos de conclusión, se exponen los desafíos más relevantes con el fin de vislumbrar las necesidades de potenciar de manera deliberada el papel de la mujer en la construcción de paz.

a) a revisión de literatura que hemos realizado evidencia que no existen investigaciones que teórica y analíticamente reflexionen sobre la triada construcción de paz-mujer-ruralidad, pese a que varias de ellas construyen sus objetos de investigación en realidades en las que se entrecruzan tales dimensiones. Por lo tanto, es menester desarrollar investigaciones con enfoque de género de manera situada, en contextos rurales, las cuales permitan deconstruir los elementos del sistema sexo-género que estructura las relaciones sociales, y la manera como inciden en el accionar de las mujeres, dado que existe una organización de los roles de mujeres y hombres en la guerra y en el trabajo rural. Esto debido a que algunas de las investigaciones revisadas concuerdan en identificar que el conflicto armado genera impactos en las formas en que se viven las relaciones de género, particularmente porque las mujeres enfrentan una serie de escenarios y situaciones que las desvían de los roles o partes de los roles asumidos tradicionalmente.

Las investigaciones que más abundan se refieren a proyectos productivos, estudios ambientales y también sobre ordenamiento territorial; existen algunos análisis sobre la dinámica del conflicto y organización campesina, pero ninguno se realiza desde el enfoque de género. En tal vía, es necesario recalcar que los escenarios de afrontamiento de la guerra y de iniciativas para la construcción de paz han implicado procesos de empoderamiento de las mujeres, la transformación de sus concepciones sobre la ciudadanía, el tránsito hacia el fortalecimiento como sujetos políticos y la desestructuración de las relaciones público-privado tanto al interior de las familias, las comunidades y también en el escenario nacional. No obstante, varias autoras, particularmente aquellas que se abocan al análisis de experiencias concretas, afirman que la guerra impacta la vida cotidiana y doméstica de las personas, y de manera fundamental y crítica, la vida de las mujeres que se quedan en sus hogares y en los campos al frente de sus familias y de sus territorios. Si bien las mujeres se ven en la obligación de asumir nuevos roles, difícilmente pueden renunciar a su rol reproductivo tradicional de madres, hijas o esposas, es decir al papel de cuidadoras y sostenedoras de la vida.

Se encuentra, por tanto, que existe una relación orgánica entre las distintas motivaciones que cruzan y dan sentido al movimiento de mujeres, y que no es posible entender las luchas por la paz que ellas protagonizan por fuera del contexto de las movilizaciones por la igualdad de género, las cuales derivan de las estructuras sociales y de las concepciones culturales de orden patriarcal (Ibarra, 2007, Villareal, 2007). Lo anterior no implica que se le otorgue el carácter de feminista a todas las organizaciones de mujeres de manera automática.

b) ninguna de las investigaciones pone en duda la existencia de un movimiento de mujeres por la paz en Colombia, por lo que toman éste como un hecho dado y punto de partida para los estudios realizados. Las autoras analizan casos puntuales, pero no existe una mirada de conjunto sobre el movimiento; hace falta una perspectiva que permita identificar los flujos y reflujos de la movilización social de las mujeres por la paz y problematice las dinámicas del movimiento como tal. De tal manera, persiste una mirada un tanto fragmentaria sobre lo que ha sido la acción política de las mujeres por la paz en Colombia.

Las acciones de las mujeres por la paz en Colombia nacen en medio de la guerra, de hecho, fue en uno de sus momentos más crudos, finales de los años noventa y principios del dos mil, justamente porque es una violencia que irrumpe y afecta la cotidianidad de las familias y comunidades. La dinámica de la movilización de mujeres transforma la manera como se comprenden estos fenómenos, ya que a partir de la acción colectiva dejan de ser asuntos privados y se transforman en elementos de debate público.

De igual manera, resulta relevante identificar que las acciones de las mujeres se desarrollan en diferentes escalas: local, regional, nacional, internacional y cuentan con importantes niveles de articulación entre las mismas. El carácter de las acciones, participaciones e iniciativas de las mujeres está marcado por la oposición a la guerra, el anti belicismo, la lucha por la desmilitarización de la vida, la recuperación de la ciudadanía plena de las mujeres y la búsqueda de una “neutralidad activa” frente a la guerra. Si bien existen elementos y banderas comunes, la mayoría de los textos analizados no se centran en las tensiones y debates propios de este tipo de construcciones, por lo tanto, falta una suerte de mirada interna, sobre todo en lo relacionado con la participación en procesos de paz.

c. la mayoría de las referencias teórico conceptuales se inscriben en perspectivas europeas y estadounidenses, no se observa una relación con la matriz de pensamiento latinoamericano sobre lo cual es importante ahondar para desarrollar nuevas investigaciones. Se aprecia también un problema y/o circunstancia con las construcciones teóricas y es la decisión de definir los conceptos cada uno por su lado y luego juntarlos, pero sin establecer de manera clara un encuadre epistemológico.

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